Esta es la historia de Lina, una niña curiosa y valiente, y su amigo Dormilón, un dragón con una misión muy especial.
Un encuentro inesperado
En una pequeña aldea rodeada de montañas y bosques, vivía una niña llamada Lina. Con su cabello largo y oscuro, ojos brillantes y una sonrisa que iluminaba cualquier lugar, Lina era conocida por su insaciable curiosidad y amor por las aventuras.
Un día, mientras exploraba el bosque, Lina encontró un sendero cubierto de flores de todos los colores. Sin pensarlo dos veces, decidió seguir el sendero, ansiosa por descubrir a dónde la llevaría.
Después de horas de caminar, llegó a un claro donde encontró algo extraordinario: un dragón. Pero no era un dragón común; su escamas eran de un verde esmeralda brillante y tenía ojos dorados llenos de sabiduría. Lo más sorprendente era que el dragón estaba profundamente dormido.
Lina se acercó con cautela. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, el dragón abrió un ojo y la miró. “Hola, pequeña humana,” dijo el dragón con una voz suave. “Mi nombre es Dormilón. ¿Qué te trae a mi hogar?”
Una misión especial
Lina respondió sin mostrar miedo: “Soy Lina. Me encanta explorar y descubrí este camino que me llevó hasta aquí. ¿Por qué estás durmiendo aquí, Dormilón?”
Dormilón suspiró y explicó: “Hace mucho tiempo, me embarqué en un viaje para encontrar la Piedra de los Sueños, un objeto mágico que concede los sueños más profundos. Pero me perdí en este bosque y, agotado, me quedé dormido. Desde entonces, he estado esperando a alguien que me ayude a encontrar la Piedra de los Sueños.”
Lina, emocionada, ofreció su ayuda sin dudarlo. “Dormilón, me encantaría ayudarte a encontrar la Piedra de los Sueños. Juntos, podemos lograrlo.”
Un viaje lleno de desafíos
Así, Lina y Dormilón comenzaron su viaje. El dragón llevó a Lina sobre su lomo, volando por encima del bosque y las montañas. Viajaron durante días, enfrentándose a diversas pruebas y desafíos. Cruzaron ríos caudalosos, escalaron montañas escarpadas y se adentraron en cuevas oscuras y misteriosas.
Un día, llegaron a un vasto desierto de arena dorada. En el centro del desierto, vieron una torre alta y brillante, hecha de cristal. Sabían que la Piedra de los Sueños debía estar dentro de esa torre. Sin embargo, la entrada estaba custodiada por un fénix de fuego.
La prueba del fénix
El fénix, con sus plumas ardientes y ojos de fuego, los miró fijamente. “¿Quiénes sois y qué buscáis aquí?” preguntó el fénix con una voz imponente.
Lina explicó: “Soy Lina, y este es mi amigo Dormilón. Estamos buscando la Piedra de los Sueños para que Dormilón pueda cumplir su misión.”
El fénix los observó y luego dijo: “Para entrar en la torre, debéis superar una prueba. Debéis demostrar vuestro valor y vuestro corazón puro.”
Lina y Dormilón aceptaron la prueba. El fénix los condujo a un laberinto de espejos dentro de la torre. Debían encontrar el camino correcto mientras enfrentaban sus miedos y dudas reflejados en los espejos.
Superando los miedos
A medida que avanzaban por el laberinto, Lina vio reflejos de sus propios temores: perderse, fracasar, estar sola. Pero cada vez que se sentía abrumada, Dormilón estaba a su lado, recordándole que no estaba sola y que juntos podían superar cualquier obstáculo.
Finalmente, llegaron al centro del laberinto. Allí, en un pedestal de cristal, descansaba la Piedra de los Sueños. Lina y Dormilón la tomaron con reverencia y regresaron al fénix.
Un regreso triunfal
El fénix, al ver que habían superado la prueba, sonrió y los felicitó. “Habéis demostrado vuestro valor y vuestra pureza de corazón. La Piedra de los Sueños está ahora en buenas manos.”
Con la Piedra de los Sueños en su poder, Lina y Dormilón emprendieron el camino de regreso a su aldea. Fueron recibidos con alegría y asombro por los aldeanos. Dormilón, con la ayuda de la piedra, creó sueños maravillosos para todos, llenos de esperanza y felicidad.
El legado de Lina y Dormilón
Lina y Dormilón se convirtieron en grandes amigos y compañeros de aventuras. Vivieron muchas más historias, siempre guiados por su valor y su amistad inquebrantable.
Y así, en la pequeña aldea rodeada de montañas y bosques, la leyenda de Lina y el dragón Dormilón se contó durante generaciones, inspirando a todos a perseguir sus sueños y a nunca dejar de explorar.