¿Te pasa que comienzas algo y no llegas al final?
Así le ocurría a él, todo quedaba a la mitad.
¿Te pasa que lees páginas y en la tercera no recuerdas nada?
Solo hacía ruido con su voz, su mente quedaba cansada.
Era imprudente, y a veces, sin querer, solía lastimar,
no endulzaba las palabras ni buscaba disfrazar.
“Sin defectos, ¿cómo podrías tú desarrollarte?”
se preguntaba, mirando sus fallos como un arte.
Napoleón Bonaparte era su inspiración:
“Era bajo, uraño, no se daba un baño,
y casi domina el mundo con su ambición.”
Facundo Cabral le daba otra lección:
“Analfabeto hasta los catorce,
y con su sabiduría, marcó corazones.”
Desde niño, lo llamaban inadaptado,
quería ser la figura, pero siempre estaba pintado.
Era el menos popular, el más fracasado,
los profesores lo habían descartado.
Cupido tampoco le había sonreído,
buscó el amor en cada camino recorrido.
“Y aunque diga que eso fue parte de mi pasado,
el día de hoy no aprendo, y sigo con el mismo resultado.”
Su vida se rompió en mil pedazos,
y fue ahí cuando comprendió los trazos.
“La vida se trata de embonar los fragmentos,
aunque a veces parezcan contratiempos.”
Empezó llorando, después jugando,
mientras estaba gozando, se preguntaba cuándo.
Y hasta la fecha, sigue armando,
cada pieza va mejorando.
“Todo era al revés, como un juego de ajedrez.
No es que me faltara atención,
es que ponía atención a todo a la vez.”
Ayer fue ignorado, pero hoy inspira a muchos.
El camino fue largo, pero alcanzó sus sueños.
El niño con TDAH, aquel que fue incomprendido,
mostró que sus luchas le dieron sentido.