Un pájaro empezó a construir un nido en una ventana.
No lo terminó.
Pero desde entonces, ese lugar ya no es igual.
Algo quedó.
Hay personas que te alegran el día sin tocarte.
Sin hacer ruido.
Y cuando no están, siguen cerca.
Una frase se quedó girando en el aire:
“Me habitas incluso cuando no estás.”
Alguien la leyó muchas veces.
Y cada vez sonrió por dentro.
A veces, acercarse se parece a hacer algo aunque no sea perfecto.
Aunque no sea lo que la otra persona espera.
Porque hay quienes prefieren molestar un poco…
antes que no hacer nada.
Cada noche, en silencio,
alguien pide por ti.
Para que estés bien.
Para que nada te falte.
Para que siempre tengas algo que te abrace.
Un día notaron algo distinto en ti.
No preguntaron.
Solo pensaron:
“Si algún día quiere hablar, aquí estoy.”
También hubo un cuaderno.
Y una camiseta.
Una palabra bordada en ella:
Persistence.
Seguir intentando,
aunque no siempre se entienda.
Aunque parezca demasiado.
Y hubo algo más.
Un enlace.
Un video.
Un mensaje simple:
“¿Conoces a este youtuber?”
Pero en realidad decía:
“Te cuido incluso cuando parece que solo comparto un link.”
No hay más mensajes.
Pero sí una pausa con intención.
Un silencio que no se va.
Una espera que sonríe.