A veces, algo queda al final de un camino.
No siempre está anunciado.
No siempre es claro.
Pero para quien sabe mirar,
hay señales escondidas.
Hay días en los que uno no planea nada.
Y sin embargo, todo se acomoda de un modo curioso.
Como si alguien, en silencio, moviera las piezas para que algo pase.
Hay quienes no solo leen.
Sino que también descubren.
Y sonríen cuando encuentran
lo que los demás pasarían por alto.
No siempre se trata de grandes gestos.
A veces es un video que aparece justo a tiempo.
Un enlace inesperado.
Una risa compartida a la distancia.
No siempre es cuestión de tiempo.
A veces, es cuestión de ojos.
Y de corazón.
Algunas palabras no llegan en forma de carta,
sino de guiño.
De travesura disfrazada de casualidad.
No todos los mensajes están en la primera página.
Algunos esperan tranquilos,
al fondo,
para ser encontrados
por quien realmente quiere ver.
Dicen que las hormonas a veces toman el control.
Puede ser.
Pero también puede ser
que algunas cosas no se manejen con la cabeza.
Sino con algo mucho más vivo.
Así, sin aviso previo,
los planes cambian.
Los silencios se llenan.
Y la risa se vuelve puente.
Y cuando eso pasa,
el silencio sonríe también.
Para quien sabe mirar,
todo tiene que ver.