No todo lo que ayuda hace ruido.
No todo lo que despierta, se mastica.
Hay quien necesita algo dulce…
y hay quien prefiere
otro tipo de azúcar.
Tal vez el truco esté en no quedarse quieto.
En no repetir lo que no funciona.
En probar sin obligación,
pero sin rendirse.
Hay quienes saltan, mastican, se agitan.
Otros simplemente respiran.
Y encuentran su modo,
aunque no venga en envoltorio brillante.
Porque estar bien no siempre tiene sabor a chicle.
A veces sabe a silencio.
A constancia.
A saber decir:
“gracias, pero no me lo trago.”